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UNA CARTA HASTA EL CIELO

written by admin 19 febrero, 2014

 

Miles de personas mueren diariamente envueltos en la delincuencia, otros enfermedades les ganan las batallas, otros no han  tenido la oportunidad nacer y unos de haberlo hecho duraron poco tiempo…  Somos muy afortunados los que vivimos momentos valiosos con personas que hoy no están. Somos afortunados por el simple hecho de recordarlos por quien fueron y por las enseñanza de guerreros ante las batalla que perdieron.

Con solo cinco meses de diferencia entre nuestros nacimientos; nuestra primeros años de vida corrieron juntos. Entre juegos y travesuras la niñez se apodero de unos primos inseparable. Juegos con lodos,  canicas, pelotas, la queda, el escondite, y un montón de vivencias mas  nos hicieron testigos de ello. Y sí, es cierto,  que aunque nuestra primera década fuimos muy cercanos, la pubertad nos fue alejando poco a poco, pero eso nunca apartó lo importante que seguías siendo para mi.

​Diecinueve años después, exactamente un jueves 10 de enero estaba entrando yo a un hospital alegre por volverte a  ver.  Durante mis vacaciones de navidad que había vuelto a Panamá habían transcurrido días de desesperación familiar por ti. Fui a despedirme porque debía iniciar un nuevo semestre;  pero lo hice esperando volverte a ver en un par de meses totalmente recuperado.  Ahí estabas, muy delgado en comparación a como te había dejado meses atrás al venirme a estudiar a Estados Unidos,  pero estabas hermoso, rodeado de familiares contentos por verte salir de crisis, rodeados de alegrías que iluminaban tu rostro llenándote de esperanza para pronta recuperación. Sin poder hablar, plasmado en una cama algo me decía que en silencio pedías auxilio a esos terribles y difíciles días  por los que habías pasado. Y aunque soy una persona que ama hablar y escribir; creo que los sentimientos son una de las cosas más difíciles de transmitir cuando tienes a esa persona en frente.  Y quizás en diecinueve años nunca te había dicho cosas tan bonitas, pero ese día con lágrimas de felicidad y dolor  por poder verte te dije lo que mi corazón sentía y créeme no se como. Esos días en Panamá  me habían abierto los ojos ante una enfermedad que poco había sido parte de ella. Viví el  calor de familia, viví el poder de la  oración y  el poder de Dios actuando milagrosamente en cada intervención, intentando alargarle la vida a alguien que se merecía  vivir varias décadas mas. Me fui e intentaba seguir pendiente de ti pero nunca espere recibir una llamada dándome la noticia de tu muerte.

​Aun me erizo y lloro al recordarlo. En medio de una reunión tuve que salir sin aguantar el llanto. Era un sentimiento extraño. Acababa de perder a un familiar de mi propia edad, lleno de vida, lejos de todos los que me podían ayudar en ese momento, queriendo estar presente para poder creerlo, queriendo estar presente para poder recibir o servir de consuelo, queriendo estar presente para darte un último adiós.  Y yo solo pensaba  en tantos planes a futuro  que tengo y no podía creer que tu vida se hubiese acabado así tan rápido.

​Un año después aún se me dificulta creer que no estas,  porque me fui y seguías ahí y cada vez que vuelvo siento que aún sigues estando ahí.  Siento que todo lo que pasó nunca pasó y que aunque mi conciencia recuerda lo difícil de tu enfermedad y me deja tranquila al saber que estas en un excelente lugar descansando cuidándome y viviendo en un paraíso al que todos vamos a llegar;  mi subconsciente pone una barrera para no querer creerlo por el simple hecho que no estuve en tu último adiós.

Pero Como hago para creerlo? Como hago para sentirme de la misma manera que todos se sintieron cuando lejos me encuentro y poco es lo que viví? Como creerlo cuando hace casi dos años me fui del país y estabas en perfectas condiciones e inesperadamente te enfermaste. Como creerlo cuando no  fui parte de ello, cuando las lágrimas fueron por alguien que hace menos de un mes había visto intentando recuperarse. Como creerlo cuando no viví la desesperación familiar por tu muerte, cuando no vi las lágrimas de todos, cuando no estuve en tu funeral,  cuando no pude darte un adiós para siempre.  Y que difícil volver a tu hogar e intentar dar un pésame  que nisiquiera   se como darlo, o por lo menos intentar dar un abrazo cuando cronológicamente debieron ser dados cuatro meses antes.

​Que difícil resultó esto contigo primo, pero no cuestiono los porqués. Porque de hacerlo la única respuesta que tenemos es por que así Dios lo quiso. Cuanta gente fuma por años y no le da un cáncer de pulmón?. Cuantas personas no levantan ni una mano para matar la mosca y la vida se les acaba en un momento. Así te fuiste tu primo pero te fuiste para ser nuestro ángel guardián. Dios te Bendiga Siempre.

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1 comment

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