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REPARTIENDO SONRISAS EN HONDURAS

written by Flor Flores 10 junio, 2014

Quisiera que el día fuera de 48 horas y así completar lo que deseo. Quisiera poder tener más dinero y poder ir de pueblo en pueblo dándole al que lo necesita. Quisiera tener más amor y un corazón más grande para compartirlo con el que tiene escasez de afecto. Quisiera que la vida me diera tiempo para dedicarme a lo que me encanta, a mis estudios,  a mi familia, al trabajo, al compartir y a servir al projimo al mismo tiempo. Pero, lastimosamente la vida no es así. Se nos da un periodo y espacio de tiempo donde se supone debemos ser capaces de cumplir nuestro propósito que no es fácil de descubrir. Unos elegimos ir en la búsqueda del mismo, otros  vivimos la vida sin pensar el tiempo que pasa de nuestro lado, sin pensar que nos podemos zambullir  en la profundidad de una rutina, olvidándonos de la posibilidad de hacer más de lo que “siempre hacemos”. Y digo esto, porque escribir aquí era  y es un espacio donde vengo a olvidarme de lo que me rodea, un espacio donde hago algo diferente, pero un espacio al que abandono por periodos de tiempo, toda vez que al querer experimentar nuevas experiencias, me hace invertir el tiempo que antes tenía libre en una nueva aventura que no había vivido.

​Y esta experiencia, la debí haber contado hace mucho tiempo atras.  Para los que no saben, estoy en  mis vacaciones de verano, las cuales según unos, debiera estar gozando en la playa, descansando en mi casa, durmiendo hasta el medio día, disfrutando mi familia y amigos. Pero yo como que no me conformo con una vida relajada.   Estar de vacaciones en estos momentos ha significado varias cosas para mi. Lo primero que hice fue conocer  Honduras, un país bellísimo, víctima de la inseguridad. Fui a uno de sus más espléndidos paraísos, descubrí la belleza en la discapacidad de unos angelitos con los que pude disfrutar toda una semana, aprendí de ellos, conviví con ellos y compartí sonrisas de las que ellos pudieron sacar provecho. Y de eso se trata este post…

​Hay cualidades  o talentos que nunca pensaste que te pudieran atraer, hasta que por casualidad la vida te toca experimentar con ellas y descubres que es algo que te apasiona. Así me pasó con la parte servicial de mi vida. Durante mi vida escolar siempre apoyé en lo que podía, tuve conocimiento del necesitado y  fui al servicio social de mi colegio realizado en un pueblo llamado Quema, en Macaracas de  la provincia de Los Santos; la vida normal de un alumno. Durante ese episodio, íbamos con tantos amigos que quizás no sentí ni le di un gran valor a la palabra ayudar. No es hasta llegar a mi Universidad, donde encuentro la oportunidad de involucrarme en grupos de servicio, en el cual se podía mezclar el ayudar con la diversión y las relaciones humanas. Es así, como hace dos años me involucro enSmiles For Christ o Sonrisas para Cristo, un grupo que trabaja arduamente durante el año academico para recaudar fondos y mejorar las facilidades de una Escuela de niños discapacitados en Honduras. Cada año dicho grupo tiene una misión, ir a pasar una semana con los integrantes de la escuela y ayudar en lo que se necesite. Durante mi primer año universitario, no tuve la oportunidad de participar en dicho servicio en ese hermano pais, pero si la tuve en el mio, participando en una misión como traductora con una iglesia de Missisipi, E. U que venīa a trabajar con niños de  la Comunidad de Pacora en Panama. Disfrutar por primera vez una semana llena de emociones con niños de un área desconocida en mi país,  fue hermosa y me trae lindos recuerdos. Fue desde entonces cuando comencé a sentir más ese valor del propósito “ayudar y compartir con quien lo necesita”. Desde ese entonces, me di cuenta que no existe religión ni idioma que pueda poner barreras en tu vida, si lo que deseas es contribuir con el necesitado.

​Después de dos años de pertenecer a Smiles for Christ, donde trabajaba para una causa que no se me hacía tangible ya que no vivía  en carne propia para quién o qué lo hacíamos. Por fin, tuve la maravillosa oportunidad y pude pasar una semana de servicio en esa Escuela de niños discapacitados llamada APANJE. Esa semana del 25 al 30 de mayo fue una semana extraordinaria, que dudo encontrar palabras que realmente describan lo que realizamos, percibimos y vivimos. Son de aquellas ocasiones que uno tiene que vivir el momento para comprenderlo.

​Llegar un lunes, entrar a un salón de clases sin saber que reacción esperar porque nunca has tratado con niños discapacitados no es algo de  nuestro diario vivir. Así me pasó, y así comencé la aventura de vivir algo diferente y nuevo, de tratar personas que muchos miran con ojos de rareza, con ojos de incomodidad, con ojos de tristeza y lástima. Esa semana trabajamos de 8:00 am a 12:00 p.m con los niños, cantando, jugando,  pintando, saltando, conversando, brindándoles el cariño que muchas veces no reciben, ese apoyo que quizás  no todos tienen en sus hogares, ese amor  y entendimiento que conlleva paciencia y que le falta a muchos. Cada día me daba cuenta de lo maravilloso que es Dios, que trae al mundo niños como ellos para llenarnos de Bendiciones, de entendimiento,  tolerancia, valor; virtudes que a a mi como humana me hacen falta. Durante la jornada, también aprendimos a empacar las semillas de  cacahuate, el tamarindo, entre otros; semillas que son empacadas para la supervivencia de APANJE.

​En las tardes, los niños se marchaban a sus casas. Y es ahí donde nosotros comenzábamos a pintar, arreglar murales, algunos a abrir huecos en la tierra; en fin, trabajo manual y mas agotante fisicamente, pero totalmente satisfactorio. Al final de la semana,  sus salones que antes solo tenían bloques sin repello, quedaron pintados llenos de alegría y color.Cada levantada a las 6:00 am en una casa que nos abrió sus puertas a más o menos 10 personas, donde el trato fue como reyes, cada noche de karaoke donde nos vencía el cansancio cantando y nos íbamos a dormir ya que la tarea del día siguiente iba a ser agotadora, cada tarde que íbamos a comer a algún restaurante llenos de pintura y suciedad (una total aventura), cada oración, cada montada en un bus donde normalmente tiene una capacidad de muchas menos personas, nos metíamos más de 15, cada relajo, cada animación, cada motivación, cada integrante marcó la experiencia como una de las mejores, una de esas que mueres por volver a repetirla.

​Convivir con un grupo de centroamericanos miembros de Sonrisa para Cristo y vernos trabajar en organizacion es algo que enseña y fortalece a las personas. Ver el apoyo de las pocas maestras que trabajan voluntariamente en un plantel que no es del gobierno ni es una empresa privada, sino una escuela que se mantiene con la venta de semillas y productos como miel y café, el cacahuate, entre otras; ver el ánimo de la cocinera, del chofer del busito que transporta a los niños, la gratitud de su directora y verlos a ellos con sus caritas hermosas decirnos cuanto nos querían, son acciones que no se comparan, acciones de las cuales no puede existir un pago, acciones que te enseñan el verdadero valor de la vida que va en la experiencia y no en los libros. Es increíble cuanto sentimiento puede existir en una semana, por el simple hecho de conocer gente que era totalmente desconocida para tí y que tienen cualidades diferentes a las tuyas  pero que se convierten en  una bendición inolvidable para tu vida. Gracias a ellos tengo un lindo recuerdo. No olvidare los abrazos de Nery, la inteligencia de Kenny, la sonrisa de Roberto, los Te amo de David, el amor silencioso de Nicole, las travesuras de Daniel,  la inmensa sonrisa de Jeferson, la los bailes de Marjorie y Ariel, la carta final de Julito, los besitos de Andrea, la tranquilidad de Nancy y la emoción de Leo. Créanme hay muchas cosas más que estas que no olvidaré jamás pero para eso aquí les adjunto algunas fotos de las bellezas con las que pasamos esta semana:

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3 comments

Radhe Maa 24 octubre, 2017 at 2:11 pm

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Gunnar Andreassen webdesign 1 diciembre, 2017 at 8:32 am

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screwing 2 abril, 2018 at 9:55 am

Dreary Day

It was a dreary day here today, so I just took to messing around on the internet and realized

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